Jimi Somewhere

Si conduces durante aproximadamente una hora al oeste de Oslo, llegas a Hokksund, una ciudad pequeñita rodeada de lagos y bosques en la que viven 8000 personas. Un vistazo rápido en Google Imágenes sirve para entender que no es el lugar del mundo en el que pasan más cosas, más bien al contrario: tiene pinta de que en Hokksund nunca pasa nada. Benjamin Schandy aka Jimi Somewhere pasó allí los primeros 16 años de su vida y, por lo tanto, tuvo que ingeniárselas durante bastante tiempo para que le pasara “algo”. Empezó a grabar a sus colegas mientras montaban en skate, se puso las películas de Spike Jonze, cogió una guitarra por primera vez.

Allí, en mitad de la nada, Jimi Somewhere podría haber protagonizado una historia de aislamiento, pero al colgar sus primeras canciones en internet cuando rondaba la mayoría de edad terminó conectando con miles de adolescentes de todo el mundo. Igual que sus compatriotas girl in red o boy pablo, igual que otras nuevas voces como Clairo o beabadoobee, el fenómeno Jimi Somewhere arrancó en un dormitorio y ha acabado explicando el sonido de toda una generación (ahora tiene 24 años) que ha difuminado las fronteras en la música. Su álbum de debut, Nothing Gold Can Stay, tiene tanto del hip-pop de Brockhampton como de las melodías defectuosas de Alex G, tanto de las tinieblas de King Krule como de las espirales multicolor de Tame Impala. En canciones como The World o Acre comparten espacio la explosión urban y el indie de la vieja escuela: un raro equilibrio que solo puede encontrarlo quien no va buscándolo premeditadamente.